viernes, 3 de noviembre de 2017

Activista de la libertad y el amor


Técnicamente mejorable, la cinta de Pablo Moreno sobre la vida de Sor Helena Studler, nos deja una guía imprescindible para trabajar y reflexionar sobre los valores, los motivos y las consecuencias de nuestras acciones.
Un hostil contexto histórico brinda la trágica oportunidad de convertir la tarea ordinaria de la caridad en una respuesta
radicalmente evangélica al mal encarnado en la guerra, el racismo, la xenofobia y el odio generalizado. La pobreza no es solo fruto de una mala racha o una coyuntura estructural pasajera, sino la terrible consecuencia de una acción humana premeditada, la guerra. Todos se sienten afectados por la tragedia y en este contexto, todos se sienten llamados a la solidaridad… aunque no todos responden a la llamada.
Ante la ingente necesidad, algunos son capaces de desprenderse de lo suyo y desgastarse sin límites; otros continúan aferrándose a la dinámica de sálvese quien pueda, no lejos de la brutal realidad que nos inunda en el siglo XXI afectado por el abismo de la desigualdad.

Me pregunto dónde estaba escondida la vida de esta Hija de la Caridad que de manera radicalmente atrevida hizo carne el carisma extendido por el santo francés, organizar la entrega amorosa del servicio a los demás. Me pregunto porqué hemos dado cabida a devociones más pías y menos comprometidas con la transformación del mundo y hemos ido dejando a un lado a activistas del evangelio que han llegado a poner en entredicho la actitud acomodada de la institución eclesial y los poderes civiles llegando a poner en riesgo su propia existencia.
A veces tengo la sensación de que decimos con la boca pequeña que nos fiamos del Espíritu y de la Providencia Divina mientras nos aseguramos el puesto que durante largo tiempo “nos hemos ganado en la sociedad”. ¿No responde esto a un intento de inclinar la voz de Dios hacia aquello que me interesa? ¡Qué difícil discernir la voluntad de Dios! En estos momentos, hagamos que la voz de los profetas resuenen con especial intensidad, entre otras razones, para que el carisma no deje de iluminar el camino emprendido por la Iglesia para encaminarnos hacia el Reino de Dios.
En medio de la historia se vislumbra la división de una Iglesia que vivió tiempos convulsos. Por un lado aquellos que han probado el amargo sabor de la injusticia en los rostros de quienes sufrían los horrores de la guerra y el odio. Enfrente una iglesia acomodada, acostumbrada a moverse en los entresijos de la ambigüedad salvaguardando las propias espaldas de los príncipes de este mundo y dejando a un lado la lucha del Crucificado por los más necesitados. Hierven en ciertos momentos los gritos de los “crucificados” contra la apatía de la “institución”. Flota en el ambiente, como una tormenta amenazadora, la encrucijada de la complicidad con el régimen establecido frente a la revolución del amor encarnado en las víctimas.

¿Qué se ponía en tela de juicio con la actuación de Sor Helena que tanto inquietaba a la compañía, a la Iglesia y al avance Nazi?
Más de trescientos años después…
… y más de cuatrocientos años… la humanidad sigue encaminada en este sinsentido del odio y la guerra… Millones de personas siguen hoy sufriendo… Y el mundo sigue estando …”roto”. Y no es una visión negativa del mundo, sino la sinuosa necesidad de gestos y rastros de amor que consigan modificar las estructuras de pecado por tiempos y espacios de gracia. El Reino de Dios estará más cerca cuanto más real sea el amor fraternal (Rom 12,10).
Bienvenida la recuperación de Sor Helena Studler para las Hijas de la Caridad, para la Iglesia y para el mundo… Signo visible de que es posible transformar el mundo y que las redes de libertad, que tanto necesita nuestro mundo, puedan hacerse realidad y sobrepasen la pantalla del cine hacia el compromiso evangélico con el ser humano.

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