martes, 17 de octubre de 2017

... y no podía no ser Madre


Madre…

Extraña forma de argumentar…

Difícil de entender…

Explosión de sinsentido…

Rara, sin duda…

Y así podríamos seguir línea tras línea para intentar calificar la película de Darren Aronofski, “Madre” protagonizada por Javier Bardem y Jennifer Lawrence. Cierto que si vas al cine no sales indiferente. Posiblemente salgas enfadado porque no habrás entendido nada. Es necesario haber leído algo de su director, de la propia película para entenderla.

Una pareja aparentemente feliz en su caserón que espera cobrar vida a golpe de restauración. Dos extraños amantes íntimamente ligados que van a experimentar como sus destinos, inequívocamente vinculados, sufren desigual y trágico fin. Pero de nada sirve seguir adentrándose en la trama sin una pista que aporte sentido a la historia.

El matrimonio que protagoniza el film no es otro que Dios y la Madre Naturaleza… El Dios (Javier Bardem) que abre los brazos al género humano y que no es capaz de rechazar ni una sola de las propuestas que se adentran en la gran casa de la humanidad… La naturaleza, buena Madre (Jennifer Lawrence) que sostiene, cobija y se preocupa porque los invitados al hogar de todos se encuentren a gusto… La Madre que en todo momento se ha ocupado de restaurar aquello que la humanidad ha ido desgarrando en la casa…

Una relación cotidiana, eufórica por momentos… Rota por la aparición de los primeros humanos… Adán (Ed Harris)... la víctima que recibe en sus carnes todos los males de una vida malvivida en la que parece que él no se siente responsable de nada…

Eva (Michael Pheiffer), la extraña mujer que se presenta en la casa sin avisar e introduce la inquietud en la casa que con tanto esfuerzo ha ido restaurando la Madre. Y tras ella sus hijos, Caín y Abel… Personajes oscuros, que sólo se conmueven por el materialismo… ajenos al dolor de su padre. De nuevo Madre testigo de una nueva rasgadura en forma de asesinato fraterno… El primer crimen de la humanidad que tanto nos hemos empeñado en conmemorar y repetir… Antesala de la autodestrucción que cada amanecer ejecuta la humanidad.

Y Dios que con cada pequeño gesto engendra una gran obra y la ofrece a los hombres, humanos que no dudan en destruir hasta la propia grandeza de Dios… Y tras la aniquilación total, Madre que se entrega de nuevo para regenerarse y dar vida así a un Dios absorbente y a una humanidad que se encamine, de nuevo, a la autodestrucción.

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