miércoles, 20 de enero de 2016

Un modelo educativo en el punto de mira...

No es fácil llegar a comprender que cada ser humano es un tesoro de posibilidades infinitas. Es muy duro asumir que nuestros sistemas educativos actuales están terriblemente politizados e ideologizados, a la par que sirven, exclusivamente, a las demandas de una economía de mercado simplemente consumista.

Siendo así, los individuos que pretendemos construir responden a un esquema básico, deben ser individuos, con escasa conciencia social; deben ser creativos, pero sólo para rendir mejor en el trabajo, jamás deben tener conciencia crítica; deben responder a lo que la sociedad espera de ellos, y he aquí la cuestión, ¿qué es lo que la sociedad espera de nuestros alumnos? ¿Qué estoy dispuesto a aportar yo?

No parece que la administración educativa muestre una gran preocupación por este problema y se siente agusto creando máquinas que producen y consumen, hombres y mujeres que, sin conciencia crítica, se convierten ellos mismos en productos de consumo. En el camino se quedan los inconformistas, los que no pueden o no encajan en el sistema. Aquellos que en los estándares marcados por la sociedad no satisfacen las demandas sociales, basadas, principalmente, en un sistema de evaluación que mide la competitividad, no la capacidad individual y social.

Asistimos a un deterioro esencial de los sistemas formativos en cuanto que hemos olvidado que la educación es un proceso más complejo, que afecta a la totalidad irrenunciable del ser humano y que debe favorecer que cada individuo alcance el máximo de sus capacidades. Nuestro actual modelo educativo ahoga las capacidades individuales argumentando la necesidad de la uniformidad. El miedo a salirse de estos cánones conduce al inmovilizo y éste a una agonía que amenaza con la muerte inminente de la misma sociedad.

Por ello es necesario recuperar para nuestro modelo educativo vientos frescos que garanticen que el individuo que acabe su etapa escolar alcanzará el éxito personal y profesional realizando el máximo de sus capacidades. De lo contrario haremos hombres de consumo, máquinas de generar riqueza, superhombres y supermujeres capaces de curar enfermedades o enviarnos a Marte, pero con el enorme riesgo de la infelicidad y la desazón.

Sin duda, para pensarlo...


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