jueves, 13 de mayo de 2010

¿Política de Esfuerzo?


No es una novedad recurrir en educación al valor del esfuerzo. Sin embargo, a pesar del interés del legislador y del pedagogo en dicho valor, es raro ver que las leyes educativas amparen este inevitable ausente de nuestro sistema.
A pesar de la palabrería propia de la clase política, lo cierto es que los verdaderamente implicados en la educación de las jóvenes generaciones no tienen el apoyo de los últimos responsables. Quizá sea por lo poco que les ha costado a los políticos alzarse al sillón y nos quieren hacer creer que todo puede llegar a ser así de fácil. Quizá sea porque lo contrario del esfuerzo acaba funcionando como una planta adormidera de las conciencias personales y sociales y, con ello, subimos al altar el relativismo, la fuente de muchos de los males en educación.
Lo verdaderamente preocupante es que en esta cultura de lo fácil y lo inmediato un alumno puede llegar a cuarto de ESO sin saber leer ni escribir. ¿Cómo? Muy fácil. Las promociones automáticas, la integración, los apoyos y otros artilugios del sistema educativo están al servicio de la sociedad del bienestar, pero ¿de qué bien estar? Del mal entendido, del que promueve la falsedad de pensar que las cosas se consiguen sin esfuerzo y sin sacrificios.
Dicen algunos pedagogos que el sistema educativo de un país es la respuesta a las necesidades de la sociedad. No creo que el camino sea el adecuado. Más bien da la impresión de que el actual sistema es el reflejo de una forma sesgada de entender la sociedad. Se hace necesaria la reaparición de valores cuyo nombre hemos condenado al ostracismo en aras de evitar la frustración. Y cuando llegan los momentos de crisis no hemos creado las herramientas necesarias en los ciudadanos para que afronten los cambios asumiendo responsabilidades.

No hay comentarios:

Publicar un comentario